Residuos agrícolas y su tratamiento

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Todas las actividades humanas generan residuos. Los residuos agrícolas y su tratamiento adecuado deben ser una prioridad más para quienes desempeñan labores en la agricultura, ganadería y sector agroalimentario. Además de estar regulados por un marco jurídico que prohíbe su vertido y eliminación incontrolada, una mala gestión tanto de los residuos agrícolas como de su tratamiento supone un gran impacto en el medioambiente y puede incluso llegar a ser un problema de salud pública.  

Residuos agrícolas: cuál es su clasificación

Los residuos agrícolas son aquellos generados en las explotaciones de agricultura y ganadería al igual que los procedentes de la industria agroalimentaria, maderera, corchera y papelera. De la misma manera, también se considera residuo agrícola los derivados de las tareas de mantenimiento de los bosques y los montes como la tala, limpieza y desbroce, también llamados residuos forestales. Existen residuos agrícolas sólidos y también líquidos, como los purines así como residuos agrícolas peligrosos, caso particular de los productos fitosanitarios. Estos son algunos ejemplos de residuos agrícolas:

  • Plásticos y estructuras metálicas de invernaderos.
  • Tuberías para la conducción del agua, sistemas de riego por goteo. 
  • Envases de abonos y fertilizantes. 
  • Palés, cajas para el transporte de los productos. 
  • Restos de poda y de cultivos. 
  • Agrofilm.
  • Agua de lavado de maquinaria, cubas y tanques. 
  • Restos de vinificación. 
  • Materiales de destrío y desbroce. 
  • Plásticos para acolchado de suelos. 

A diferencia de los desechos procedentes del ámbito doméstico donde la responsabilidad de su gestión depende de los servicios municipales, la gestión de los residuos agrícolas pertenece al generador de los mismos. Por ello y salvo en algunas excepciones, los poseedores de residuos han de otorgar su recogida, transporte y tratamiento a empresas de gestión y tratamiento de residuos autorizadas por el organismo competente. 

Tratamiento de residuos agrícolas

Debido a su complejidad y extraordinario volumen, es fundamental realizar la identificación de los residuos de la agricultura y tratarlos de manera adecuada para evitar el deterioro medioambiental y no poner en peligro el bienestar y la salud. Las malas prácticas respecto a los residuos agrícolas y su tratamiento son, según el informe Producción y Consumo Sostenibles y Residuos Agrarios realizado en 2012 por el Ministerio de Agricultura de Agricultura y Alimentación (2012), las siguientes:

La quema indiscriminada de residuos.

No por tratarse de una práctica habitual significa que sea recomendable debido al riesgo de incendios y a la emisión de gases tóxicos a la atmósfera.  

El abandono de restos en el campo.

Entorpece las labores agrícolas y ganaderas. Asimismo, favorece la propagación de plagas y la aparición de enfermedades. Asimismo, es foco un poderoso foco de atracción de roedores e insectos. 

El vertido de residuos.

Esta habitual pero nociva práctica, en especial de productos fitosanitarios, provoca la contaminación de la tierra, del agua y los acuíferos

El abandono de residuos metálicos.

Acción altamente contaminante y susceptible de provocar accidentes. 

Muchos desechos provenientes del sector primario como los residuos orgánicos e inorgánicos forman parte de los llamados residuos valorizables, es decir,  aquellos que pueden rescatarse para su reciclaje, reutilización y aprovechamiento. Los restos vegetales de los cultivos y de la poda representan un volumen considerable dentro del conjunto de restos agrarios y pueden ser utilizados como subproductos agrícolas, recursos energéticos para calefacciones, combustibles, camas de ganado o ser descompuestos en compostadores. Igualmente, el reciclaje de purines también puede ser empleado como fertilizante natural además de como fuente de energía tras su calentamiento en calderas de biomasa.

Debido a su enorme diversidad, cantidad, necesidad de espacio y capacidad valorizable, los residuos agrícolas y su tratamiento deben ser puestos en manos de gestores autorizados y nunca ser abandonados, vertidos o quemados sin control.