En qué consiste la economía circular

Nuestro actual modelo de producción, consumo y gestión de recursos es un modelo lineal. En el sentido en que primero producimos elementos, luego los usamos y, finalmente, los desechamos. Para entendernos, piensa en el clásico: crear, usar y tirar.

Este modelo que, simplemente, tiene miras en el corto plazo, está quedando completamente obsoleto por muchos motivos. El principal, está provocando estragos irreparables en la naturaleza y en el ecosistema del planeta Tierra. ¿Cómo es posible? Muy sencillo, está acabando con los recursos naturales y, en poco tiempo, no tendremos materias para poder seguir produciendo aquello que necesitamos.

Una de las primeras veces que se empleó el término “economía circular” fue en 1980 en un artículo de Pearce y Turner. Pero no fue hasta 2012 cuando se popularizó, en mayor medida, gracias a la publicación del artículo: Hacia la economía circular, racionalidad económica y de negocios para una transición acelerada. Las implicaciones de este informe fueron muy importantes, ya que no sólo resaltaban los beneficios evidentes para la naturaleza y el medio ambiente, sino también las ventajosas implicaciones para la producción y las economías internacionales. Por ejemplo, para Europa, se preveía un ahorro de más de 630 millones de dólares en 2025 si empezaban a aplicarse medidas de economía circular. En algunos países como Alemania o Suecia, la economía circular ya es operativa y está legislada desde hace unos años.

¿Qué es la economía circular?

Volviendo a la definición anterior de sistema de producción lineal, lo que la economía circular pretende es romper la linealidad, que lo único que provoca es la escasez de materias primas y el deterioro de nuestro planeta, y sustituirla por la circularidad; dando paso a una producción consciente y responsable, donde sólo se hace uso de lo realmente necesario y se da una nueva vida a lo ya usado. De este modo, evitamos el uso desmedido de materias primas y la generación innecesaria de residuos (valorización de residuos).

Si lo piensas bien, la economía circular se fija en las propias características de la naturaleza. La naturaleza no genera residuos sino que todo lo que no necesita lo utiliza para otras cosas. Cada cosa, elemento u organismo en la naturaleza cumple su función, y lo que puede ser considerado como un residuo por un organismo, es reutilizado por otro.

Por supuesto, el modelo de economía circular no fija sus miras únicamente en el corto plazo, también lo hace en el medio y largo plazo, garantizando la estabilidad y durabilidad de los ecosistemas. Y, como decíamos al principio de este artículo, las ventajas de la economía circular no solo pasan por el medio ambiente, también  repercuten muy positivamente en nuestro tejido empresarial e industrial. Por poner un ejemplo, al reutilizar algunos elementos, los costes de producción se reducen drásticamente, lo que implica poder generar productos a menor precio y, por tanto, poder reducir el precio final de bienes y servicios de consumo. De este modo, los productos no son abandonados al terminar su vida útil, sino que se convierten en algo nuevo del que podremos sacar provecho, tal y como hace la naturaleza cada día.

Obviamente, no siempre se podrán reutilizar todos los productos o elementos. Por ejemplo, las baterías o artículos de electrónica no siempre son reutilizables. En estos casos, la economía circular aboga por separar los elementos reciclables y reutilizables, de los que no lo son, con el objetivo de que cada uno de ellos sea tratado en base a sus características y se gestione de la forma más sostenible y respetuosa con el medio ambiente posible.

Como vemos, la economía circular, está basada en los principios de retroalimentación de la naturaleza, y tiene otras muchas implicaciones: mejor uso de los productos, cambio de los combustibles fósiles por energías renovables, cambio en los modelos de producción y consumo, aprovechamiento de cualquier tipo de material o componente que pueda ser reutilizado, consumo responsable, alargamiento de la vida útil de los productos y materias primas, aumento de la resiliencia, concienciación de la sociedad, respeto por el medio ambiente, reducción de gases contaminantes…

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